Murió el multiinstrumentista Claudio Martínez, bajista de Espíritu y baterista de David Lebón y de Nito Mestre

El músico Claudio Martínez, bajista de Espíritu y baterista de David Lebón y de Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre, murió este martes 5 de noviembre. La noticia la dio la Asociación de Músicos Independientes de Buenos Aires (AMIBA) a través de un comunicado de prensa, sin dar más detalles sobre su deceso.

Martínez estuvo vinculo a los inicios del rock nacional y fue un músico versátil, capaz de tocar con solvencia la batería, el bajo y los teclados. En 1969 integró su primera banda de rock y rhythm & blues llamada Lenguas Negras. Dos años después se cruzaría con David Lebón y León Gieco en la Banda Ocho.

El momento de gloria llegó con su inclusión como bajista de Espíritu, en 1973. La buena recepción que tuvo el grupo en el medio musical lo llevó a formar parte de una nueva versión de la obra conceptual La Biblia, que había grabado con gran éxito Vox Dei. La nueva versión, impulsada por Billy Bond, de la Pesada del Rock and Roll junto al Ensamble Musical de Buenos Aires, contaba con un seleccionado de músicos, entre los que se encontraban Alejandro Medina, Carlos Cutaia, Charly García, Claudio Gabis, Kubero Díaz, David Lebón, Gustavo Beytelman, Jorge Pinchevsky, Miguel Cantilo, Oscar Moro, Nito Mestre, Raúl Porchetto y Rinaldo Rafanelli, entre otros.

A la par del crecimiento en popularidad de Espíritu, Martínez estuvo muy activo y formó parte de la grabación del primer disco de David Lebón, como baterista. Aunque fue con la edición del disco conceptual Crisálida, de Espíritu, que Martínez alcanzó su lugar en la escena. El disco fue muy bien recibido por la crítica especializada de entonces. «Su nivel de grabación supera todo lo realizado para nuestro rock. Crisálida es un categórico paso adelante en nuestro medio», anunciaba entusiasmado el periodista Miguel Grinberg en un artículo de Prensario de ese año.

Tras la separación de Espíritu, en 1976, formó el trío Aspid, con Osvaldo Favrot y Fernando Bergé (ex integrantes de Espíritu). Pero el grupo no duró mucho tiempo. La ruptura de Espíritu, en medio de las críticas que los acusaban de «falsos» y de ser «un producto de consumo», les dejó un sabor amargo. Posteriormente, el tecladista Leo Sujatovich (Spinetta Jade) lo convocaría para sumarse a un trío de jazz-rock junto al bajista Carlos Tribusi. «Nunca tocamos en concierto, salvo en Jazz & Pop, pero mataba», decía el propio Claudio Martínez en una nota de la revista Pelo, en 1980.

Su capacidad de multiinstrumentista captó la atención del Mono Fontana, quien lo invitó a formar parte de la banda Los Desconocidos de Siempre, que lideraba Nito Mestre.»No había escuchado casi nada de Los Desconocidos salvo un show que vi, en 1977. Por esa época yo estaba tocando con Rinaldo Rafanelli, Quique Sinesi y Claudio Pesavento temas de Herbie Hancock y Larry Carlton. Hacíamos jazz-rock», recordaba en la nota con Pelo, que anunciaba su ingreso a la banda que había formado el ex Sui Generis.

Ya con su proyecto solista, Nito Mestre lo convocaría para formar parte de su banda y grabar en uno de sus mejores discos solistas: 20/10, de 1981. El álbum que llegó al disco de oro por las ventas tenía el corte «Afuera de la ciudad», cuyo video clip fue protagonizado por el propio Claudio Martínez.

Tocando en los Desconocidos de Siempre conoció a María Rosa Yorio, que lo sumó a su banda solista y al bajista Alfredo Toth, que lo invitaría a formar parte de la grabación del disco de G.I.T, Volumen 3.

Martínez era un admirador del baterista norteamericano Steve Gadd, quien había tocado con figuras muy disímiles como Chick Corea, Chet Baker, James Taylor y Steely Dan. «Me gusta porque se adecua a la música. Gadd toca los temas simples de Ricky Lee Jones con la misma solvencia con que toca con Corea. Eso lo demuestran los grandes músicos».

Músico autodidacta, podía tocar con la misma destreza el mini moog, la guitarra, el bajo y la batería, que fue uno de sus instrumentos principales. A Martínez le gustaban los bateristas sutiles y con polenta. Maduró su estilo tocando con notables compañeros de época. Le gustaba desarrollar esa función camaleónica en los grupos como un instrumentista solvente, sin necesidad de brillar, pero aportando solidez a un ensamble, lejos de los aplausos.

(La Nación)

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