Opinión: «Pensar el peronismo», por Ernesto Gómez

Pensar el peronismo, al que muchos desmerecían en tiempos de hegemonía política, no es pensarlo en términos de razón y de política única. Pensar el peronismo, implica entenderlo desde una perspectiva y desde una identidad histórica que lo sostiene en el tiempo, tal cual fue anhelado de quienes analizaron todas las variables que este desplegaría en momentos en que la patria necesitara de su auxilio o, por el contrario; una prerrogativa como instrumento indispensable para lo sectorial, lo individual, algo que su creador desestimaba posible como objetivo porque, en todo caso, el límite siempre fue y será el antiperonismo.

Es importante saber que la convivencia de su espacio amerita una nutrida corriente de matices, miradas diversas y formas disímiles. A veces, hasta hubo lugar para los preceptos ideológicos que intentaban “inclinar” su esencia, un tanto hacia la izquierda por momentos, y otro poco hacia la derecha, por el otro. En su nombre, de manera sesgada y recurrente, se promovieron slogans, definiciones y lealtades intencionadas, oportunidad que dejó enormes dividendos y pretenciosos propósitos personales y circunstancias favorables de oportunismo puro. También para ello fue utilizada su larga y extensa historia de relevancia social.

A pesar de ello, el peronismo sobrevivió como esperanza de una senda de escape social en momentos difíciles para los sectores desprotegidos y otros no tanto. Se podría decir que es un poco arriesgada la práctica cotidiana, como virtud hacia los demás, hablar de peronismo cuando nunca se ha ahondado en la naturaleza política de su propósito, plasmada en obras magistrales como Conducción política, Doctrina peronista, La comunidad organizada, entre otras.

Quizás, la gran virtud del peronismo y la enorme enseñanza del General Perón, es que en su movimiento está aceptada la interpretación de voces en su gran diversidad sin que se sienta afectada su matriz de pensamiento revolucionario y de mayorías.

En la actualidad, el peronismo es espacio de debate, disidencias, diferencias, coincidencias. Incluso, capaz de generar las condiciones de discusiones hacia adentro, de replantear aciertos y desaciertos, de autocrítica y de debate sobre estructuras de valores y el ego que algunos dirigentes acreditan. La política no es una ciencia social que cada uno se lleva en un paquete a su casa. Para los díscolos que creen en esa posibilidad, hay que recordarles que los nombres y los hombres son sujeto político de las corrientes ideológicas, y no al revés; el cementerio está lleno de imprescindibles sin bronces y medallas que nadie visita.

Tal vez, el aprendizaje histórico es que cuando los hombres o líderes recurren a metodologías de contención política sin tener en cuenta la lógica del movimiento nacional como valor innato y sin respetar la particularidad de su esencia o de su ideario, es posible que la política sea el preludio de la disgregación sectorial de sus partes, porque los enemigos muchas veces están dentro de las mismas estructuras que se construyen. La historia reciente lo confirma. El historiador Juan María Rosas, recordaba en uno de sus párrafos, las palabras de Perón, al referirse a la construcción de las estructuras políticas utilizando como materia prima “paja, barro y un poco de bosta”.

Por Lic. Ernesto A. Gómez
Docente y militante peronista.

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