Opinión: «Plan Nacional de Lecturas, primera señal positiva en materia educativa», por Ernesto Gómez

Hoy trascendió un hecho de significada relevancia que no debería pasar por desapercibido para el conjunto de los docentes. A veinte días de haber asumido la nueva Gestión y en el penúltimo día del año, el Presidente Alberto Fernández, y su Ministerio de Educación, dieron la primera señal positiva en materia educativa.

El Plan Nacional de Lecturas, proyecto que había quedado trunco antes de la llegada de la Gestión Liberal. Este Programa, incluye a más del 60% de los educandos en estado de vulnerabilidad social. Vale decir, que durante los cuatro años del Gobierno Burgués, el área de educación, había sido blanco de ataques y pensado como espacio de negocio para los editorialistas que habían llegado a la cartera educativa para implementar programas educativos que solo eran de utilidad para sus propios beneficios desde el Estado.

Tal cual lo mencionara en uno de sus tantos artículos la flamante Secretaria de Educación Adriana Puiggrós, en tiempos de desguace de la educación pública, “la idea y concepción de la educación neoliberal, alejada del concepto de “Educación liberadora” en la que su rasgo principal, consiste en tejer intereses en torno al mercado educativo y los réditos que éste le proporcionaba a los grupos trasnacionales que supieron vender al Estado, contenidos educativos gráficos, audiovisuales y digitales, apropiarse de la capacitación docente, introducir servicios tercerizados y hacer negocios con las licitaciones de construcciones escolares, entre otros”

Luego de aquel gesto épico de Nestor Kirchner, a dos días de haber asumido que lo llevó a visitar la provincia de Entre Ríos, circunstancias en la que, sin dudarlo, estampó su firma para poner fin al conflicto salarial que venían sufriendo los docentes desde hacía más de seis meses en las distintas provincias, no hubo mención alguna o intención de mejorar el área educativa, excepto las promesas de campañas que se fueron diluyendo con el tiempo y el machaque constante y permanente para finalmente, dejar sin efectividad la paritaria nacional como herramienta indispensable de defensa que tenían los docentes ante el intento constante y permanente de disciplinamiento que buscaba imponer el macrismo.

Esta bocanada de esperanza, como uno de los primeros anuncios de la agenda educativa, viene a materializar el esbozo de cientos de miles de educadores como un pilar fundamental para el crecimiento y desarrollo de una sociedad que necesita mirar hacia horizontes prominentes que nos permita vislumbrar cuáles son las prioridades elementales de crecimiento y de libertad con las que debemos contar frente al Mercado, sin que detrás éste, se esconda la Derecha con su nociva argumentación de falso crecimiento.

Demás está decir, que cuando mencionamos al Estado, no lo hacemos pensando en que es una entelequia o desde una perspectiva virtual. Sino, que somos parte de él. Es por ello que, después de haber cumplido la misión de “expulsar” desde las urnas a la peor Administración de Gobierno desde el advenimiento de la Democracia en 1983, cada uno de los que anhelábamos un cambio de rumbo, un giro de timón, tenemos sobre nuestras espaldas una cuota de responsabilidad compartida en cada uno de los momentos decisorios de posible crecimiento. Tal vez, tendrán que generarse las condiciones y el ámbito propicio para discutir estructuras de valores, intercambiar ideas sobre qué tipo de educación queremos y que tipo de desarrollo anhelamos para nuestro País pensando en nuestros pibes y en el nuevo paradigma que amenaza con llevarse puesta a la escuela pública.

Por supuesto, el ejemplo debe comenzar pensando en una estructura o esquema piramidal de poder. De allí tiene que venir el ejemplo. Así lo demandan las nuevas generaciones y las circunstancias sociopolíticas.

El Presidente, acierta cuando dice que debemos “recuperar la tradición de la lectura y promover el conocimiento abierto”.

Estas afirmaciones deberían derribar las barreras de la crispación y de la grieta, pensando en una generación con posibilidades reales para todos y todas, y sin caer en frases “armadas” para la ocasión según el momento político de uno u otro.

A veces, pensar la educación, es pensar en el futuro de los millones de jóvenes. Y la escuela, como lo expresaba Manuel Belgrano, “no solo debe cumplir una función educativa sino la de formar al ciudadano”. Es decir, educar en la democracia es un trabajo de todos los actores y de todos los días. El compromiso de respetar las ideas del otro tiene que ver con lo simbólico, por lo tanto, éste pasaría a ser el significado principal de la construcción de la democracia actual. Un ejemplo que como sociedad esperamos no sea descuidado para la nueva dirigencia política.

Por Lic. Ernesto A. Gómez, docente y militante peronista.

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