Astillero Río Santiago repara camas hospitalarias y arma viviendas para las víctimas de violencia

El principal astillero del país se readecuó para ayudar al sistema de salud y a las víctimas de violencia.

El Astillero Río Santiago de la ciudad de Ensenada, el más grande del país y donde se fabricó la Fragata Libertad, se readecuó para ayudar al sistema de salud ante la pandemia de coronavirus y se encarga de reparar camas hospitalarias y de armar viviendas para que las víctimas de violencia de género puedan huir de los agresores con los que conviven.

«Estamos orgullosos de dar una mano al sistema de salud en estos momentos, cuando hace unos meses nos contaron que traerían camas para reparar fueron muchos los compañeros que se ofrecieron voluntariamente a participar de este proyecto», expresó a Télam Fabián Betancourt, que desde hace 8 años trabaja en el sector Chapa Fina del Astillero.

El trabajador sostuvo: «Sentimos que el astillero, como industria naval de bandera, sigue siendo ejemplo de soberanía al ayudar al sistema de salud, que Dios quiera no desborde por el coronavirus».

«A la vez es una forma de devolver a la comunidad todo el apoyo que nos dio en los peores momentos», dijo el obrero y su mirada se ensombreció al recordar la lucha que debieron emprender en el 2018 los tres mil trabajadores cuando el gobierno de Cambiemos intentó cerrar el predio naval fundado en 1953 por el presidente Juan Domingo Perón.

A su lado, Carlos De Francesco, agregó: «Después de todo lo que pasamos, del vaciamiento, de dejarnos sin materia prima, sin insumos, es importante mostrar que el astillero tiene capacidad instalada, que la capacidad de la gente está, que acá traes trabajo y se hace».

«Aquí reparamos las camas de PAMI, que luego se entregan a hospitales; pero además hacemos camillas y bandejas para traslado de equipos quirúrgicos de acero inoxidable y hemos colaborado con los hospitales San Martín, San Juan de Dios y el Hospital de Niños de La Plata», dijo orgulloso el hombre que hace 17 años trabaja en Río Santiago.

En un taller de 110 metros de largo y respetando el uso obligatorio de barbijos, ambos trabajaban lijando, soldando y armando las camas ortopédicas que el PAMI halló en desuso en sus depósitos y entregó al astillero para su reacondicionamiento y posterior distribución en los hospitales que lo necesiten.

«Ya reparamos unas 300 camas», precisó con satisfacción De Francesco, que contó que el sector tiene un protocolo sanitario que respetan con rigurosidad para cuidarse ellos y a sus familias y que regula que se trabaje en grupos de no más de siete personas, en jornada reducida y con la presencia de personal de Mantenimiento que antes y después desinfectan cada sector, las herramientas de trabajo y los baños.

El mate no falta, pero cada uno tiene el suyo y hasta hay un plano que indica los lugares y las distancias que cada uno debe mantener al sentarse en la mesa que comparten para desayunar.

«El sector de Electromecánica se encarga después de calibrar los movimientos de la cama y finalmente se las embala y entrega al PAMI», detalló De Francesco.

El astillero no solo repara las camas que se distribuirán entre los hospitales para la atención de pacientes con coronavirus, sino que también se ocupa de ayudar a otras víctimas indirectas de esta pandemia: las mujeres a quienes el aislamiento social y obligatorio encerró en sus casas junto a sus parejas violentas y que no encuentran lugar a donde ir

Según estadísticas de organizaciones feministas, durante esta cuarentena cerca de 60 mujeres fueron víctimas de femicidio; y las llamadas a las líneas telefónicas de ayuda se incrementaron en más del 40 por ciento.

Esta situación motivó que el Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad bonaerense encargara al astillero Río Santiago el armado de viviendas para contención a víctimas de violencia de género utilizando contenedores.

«Encaramos con muchas ganas este proyecto que dará albergue a las mujeres que lo necesiten en este contexto de crisis sanitaria», contó Cristian Sigales, en el sector Estructura del Astillero, donde se acondicionan tres contenedores de 12 metros por 3 de ancho.

«Estamos en etapa de construcción de cada contenedor para que los tres juntos sirvan de vivienda para las víctimas. En uno de ellos estarán los dormitorios, con capacidad para tres camas; en otro se montará cocina y baño y en el tercero un comedor», detalló Sigales, que hace 23 años trabaja en el predio naval.

Junto a él, Martin Roggero, con los planos de cada contenedor en mano, mira a sus compañeros abrir ventanas y soldar puertas en cada contenedor: «Es la primera vez que adaptamos contenedores para vivienda y es buenísimo estar trabajando y dando una ayuda a las mujeres violentadas. Nos sentimos útiles, sentimos que le ponemos el pecho a este contexto y eso es importantísimo», afirmó.

Roggero dijo que una vez que terminen el trabajo en este sector, «se dará intervención a otro que se ocupará de forrar el interior de los contenedores con durlock y madera y, finalmente, ponerles electricidad».

«Gracias a la gente estamos trabajando, por el apoyo de la gente que banco nuestra lucha para que no cerraran el astillero y, al hacer estos contenedores, sentimos que devolvemos ese apoyo», concluyó Sigales.

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