Discos recomendados, hoy: «Peperina», Serú Girán, 1981

En agosto de 1981 salía a la venta «Peperina», el cuarto y último disco de estudio de la primera etapa de Serú Girán (el grupo tendría un breve regreso en 1992). Es un disco ecléctico, en el que las canciones parecen no tener un hilo conductor. Así y todo, se constituyó en el álbum más sólido del cuarteto en toda su carrera.

Para aquel año, la popularidad de la banda era notoria y los músicos estaban en un lugar en el que tenían que demostrar que no era exagerada la denominación de «Los Beatles argentinos». Venían de tocar en el Monterrey Jazz Festival en Río de Janeiro, de ofrecer un show gratuito ante 65.000 personas en la Rural de Palermo y un histórico concierto junto a Spinetta Jade en el estadio Obras Sanitarias.

Como sucedió desde el principio de su carrera, las letras de Charly García solían incluir algunas veladas referencias a la realidad social del país, que se encontraba en medio de la dictadura militar, en ese entonces al mando del general Roberto Viola.

A diferencia de Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera (para quienes el rock era sinónimo de subversión), Viola buscó acercarse a los músicos. El encargado de tender los puentes fue su asesor en juventud Alfredo Olivera. De ese modo desfilaron por los despachos oficiales Charly García, David Lebón, León Gieco, Luis Alberto Spinetta, Nito Mestre, Rodolfo García, el periodista de la revista Expreso Imaginario Jorge Pistochi y el productor Daniel Grinbank, entre otros exponentes.

«Yo les bati un par de cosas y también les sugerí que construyeran el observatorio espacial mas grande del mundo… un delirio, ¡pero que les iba a decir!», contó Spinetta al respecto. De todos modos, el hecho de la invitación oficial habla fehacientemente del crecimiento del género, y de cómo esos músicos representaban a buena parte de la juventud argentina. Y Serú Girán era la punta de lanza del movimiento.

«La gran estrella de este álbum, que se venía insinuando en ‘Bicicleta’, es David Lebón», decía la crítica de la revista Pelo en el número 154 de noviembre de 1981. «Sus composiciones son cada vez mejores, y si bien no está en el nivel de Charly García, sus temas tienen una especie de candor muy particular. Es, además, el que mejor canta en el grupo -y uno de los mejores del rock-, y sus progresos con la guitarra se sienten con aplastante recurrencia».

«‘Parado en el medio de la vida’ tiene toda la inocencia y el misticismo que Lebón puede imprimirle a sus canciones; ‘Esperando nacer’ (con letra de García) es un blues muy caliente en el que Lebón ‘derrite’ las notas en una intensa intervención en guitarra. ‘Cara de velocidad’ tiene un riff frenético y es el tema con más energía de todo el álbum», continuaba.

«‘Peperina’ representa el aporte testimonial de García, aunque tal vez el viaje esta vez sea más introspectivo. Sólo ‘Cinema verité’ refleja la capacidad de García para contar sutilmente la realidad», decía Pelo.

«La inclusión de algunas canciones parece forzada y desvirtúa el concepto del álbum. ‘José Mercado’ fue una audaz y lograda apelación en su momento, pero ahora, en el contexto de la realidad en la que aparece, resulta inocentemente banal. ’20 trajes verdes’ y ‘Lo que dice la lluvia’ son instrumentales que si no hubieran estado, nadie lo hubiera lamentado».

«Con momentos brillantes y también de opacidad, esta ‘Peperina’ se digiere con facilidad. Para Serú Girán llegó el momento más difícil: están en la cima y lo que hagan puede hacerlos afirmar o tambalearse. ‘Peperina’, en ese sentido, puede ser un toque de atención; como esa extraña y aguda señal que se escucha al comienzo de la segunda estrofa de la primera canción…», sentenciaba la crítica, de manera premonitoria.

Casi todas las canciones de «Peperina» sonaron mucho en la radio, especialmente desde abril de 1982, cuando durante la Guerra de Malvinas la Junta Militar «recomendó» a todas las emisoras del país no difundir música en inglés. Pero mientras salía el álbum, Pedro Aznar conoció al guitarrista estadounidense Pat Metheny, quien lo invitaría a sumarse a su grupo. Era el principio del fin para Serú Girán, disimulado con el disco en vivo «No llores por mí, Argentina», en 1982.

Músicos

•Charly García (1951-): piano eléctrico de cola Yamaha CP-70, piano acústico, piano eléctrico Wurlitzer, piano eléctrico Fender Rhodes, órgano, teclado Clavinet, sintetizador monofónico Mini Moog, síntetizador polifónico Moog Opus 3, Moog Satellite y voz.

•David Lebón (1952-): guitarra eléctrica, guitarra acústica, tumbadoras, timbaletas, percusión y voz.

•Pedro Aznar (1959-): bajo eléctrico, bajo eléctrico fretless, contrabajo, bajo Moog + módulo Oberheim, sintetizador polifónico Oberheim OB-X (brass: ‘metales’), piano acústico, guitarra acústica y voz.

•Oscar Moro (1948-2006): batería y percusión.

Ficha técnica

  • Productores: Serú Girán.
  • Ingeniero de sonido: Amílcar Gilabert.
  • Fotos de tapa: The Image Bank.
  • Fotos interiores: Andy Cherniavsky.
  • Diseño gráfico: Claudio Clota Ponieman para estudio Grafix, sobre idea de Charly García.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *