Opinión: «La memoria por Malvinas tiene vigencia», por Ernesto Gómez

Sin dudas Malvinas, sigue siendo para nuestra sociedad una asignatura pendiente, una herida abierta como una constante y permanente incomprensión frente a lo que todavía queda por conocer. Los pibes fueron nuestros héroes, eso no se discute. Lo eran porque tal vez no solo tuvieron que soportar el poderoso despliegue armamentista de los ingleses, sino también, tolerar las desavenencias de los altos jefes militares dotados de un bagaje de autoritarismo y desprecio por la vida de sus pares en el campo de batalla.

No hay que ahondar demasiado para comprender sus intenciones. Resabios de una dictadura cívico-Militar que los dotaba de “razón absurda” al punto de creerse dueños de la vida ajena, mostrando constantemente su costado atroz y olvidando que los verdaderos enemigos estaban en frente. No se entiende porqué tanta saña con nuestros soldados, al punto de «estaquearlos» y avergonzarlos frente al resto de sus compañeros. Su obstinada actitud, colgada como botón en la solapa luciendo el peso de sus tiras, no les permitía comprender que las estrategias que intentaban ejecutar eran reducidas constantemente por el frío insoportable, el hambre descomunal y el desarraigo que debilitaba las almas de quienes luchaban convencidos de que defendían la patria. «Estamos ganando la batalla» publicaban algunos medios aliados al Régimen militar. La complicidad, que por cierto también significaba otra mochila para nuestros soldados, basada en la mentira y la desinformación que llegaba distorsionada por el “valor agregado” que le asignaban los medios hegemónicos, eran moneda corriente por aquellos años. Mucha agua ha corrido por el río y muchos gobiernos prometieron lo que sabían jamás iban a cumplir.

Los que tuvieron la dicha de volver, siguieron peleando para defender su dignidad y el lógico reconocimiento que nunca llegaba, ni de la mano del Estado, ni de nosotros como cuerpo social. Tal vez fuimos injustos y le dimos la espalda, porque debemos ser sinceros y reconocer que muchas veces tratábamos el «caso Malvinas» con cierta indiferencia y solo nos acordábamos de los diabólicos kelpers, olvidando el tránsito de una guerra despiadada. Los soldados de nuestras Islas no merecían el rechazo social, los números de la posguerra lo demuestran claramente, tras el suicidio de cientos de excombatientes.

Hoy después de 30 años, hasta se nos hace imposible conjugar en nuestro imaginario, el grito de un ebrio con ideas castrenses y la soledad de quienes regresaron de la oscuridad para evitar el encono de la sociedad argentina, convencida que, como decían algunos medios,» La guerra estaba ganada» y que «los soldados tenían miedo», algo totalmente absurdo y descabellado, pero siempre «los medios» los mismos que en sus tapas hablaban del restablecimiento del orden social luego del último golpe cívico-militar en nuestro País.

Pero claro, tuvieron que pasar muchos años para dilucidar los acontecimientos acaecidos en aquellas circunstancias y sus lamentables consecuencias. Nada de lo que no pudimos hacer como sociedad para mejorarla debe ser motivo para no seguir manteniendo intacto nuestro ideario patriótico, sobre todo, cuando vemos a nuestros veteranos de guerra desfilando con sus honores por su heroica participación en la defensa de nuestro patrimonio nacional que nos dejó un trago amargo, difícil de digerir, porque también a ellos les habían mentido.

Pero, si insistiéramos en la idea de encontrarle, al menos, un costado optimista a semejante calamidad, tal vez sea, la de atribuirle que finalizada la guerra aquellas circunstancias históricas cumplieron, además, un rol que no estaba en la mente de ningún erudito, y es el de haber facilitado las condiciones que posibilitaron el cierre de un ciclo histórico para dar comienzo a otro, con los desafíos que implicaba recomponer un nuevo sistema económico que no estuviera de rodillas al mercado y sanear la deuda social entre los argentinos y la región.

Quizás la principal deuda, haya sido la de fortalecer las instituciones democráticas sin haber olvidado nuestro pasado reciente y construyendo nuestro futuro. Pero debe ser este proceso democrático el que reivindique la figura de los hombres que honraron la patria con valentía y coraje, como bien lo definió el ex-Presidente Nestor Kirchner (2005) «La tarea hoy es evitar que nuestros héroes sean las víctimas de aquellos claroscuros». Ojalá el 2 de abril también sea un día de reflexión, como lo es, cada 24 de marzo, y que nos animemos como sociedad a pedir Memoria, Verdad y justicia por Malvinas y también por nuestros héroes.

(Publicado en 2012 en Página/12 , diario Diagonales, revista de ATE y revista del Gremio de Judiciales)

Por Lic. Ernesto Gómez, docente y militante peronista

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