La desinformación se ha convertido en un desafío crucial en el ámbito político y estratégico, especialmente para Estados Unidos, donde se ha mezclado con propaganda, entretenimiento e inteligencia artificial. Durante una serie de encuentros en Europa organizados por la Fundación Friedrich Naumann, se discutió cómo este fenómeno ha evolucionado en la última década, dejando atrás su carácter marginal y convirtiéndose en un problema sistémico.
En Berlín, un periodista relató un curioso incidente donde un video de él mismo, aparentemente presentando una noticia, resultó ser una falsificación. A pesar de su parecido y su voz, era un impostor, lo que evidencia la efectividad de las técnicas de desinformación actuales. En Madrid, expertos en verificación mencionaron la campaña "Matryoshka", diseñada para saturar a los verificadores de hechos con solicitudes de chequeo, lo que paradójicamente amplifica la difusión de noticias falsas.
Por otro lado, en Vilna, diplomáticos lituanos expresaron su preocupación sobre la amenaza que representa Rusia, que utiliza la información y el caos político como herramientas de desgaste. Estas discusiones resaltan la gravedad con la que se percibe la desinformación en Europa, contrastando con la percepción más distante que existe en otras partes del mundo.