Durante la semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra, un grupo de argentinos logró transmitir un mensaje patriótico, a pesar de la prohibición de la FIFA y las críticas del gobierno de Javier Milei. Utilizando una sábanas de hotel pintada con aerosol negro, desplegaron la frase "Las Malvinas son argentinas" en el campo de juego, justo detrás del arco de los ingleses.
El jugador Gio Lo Celso fue quien vio la acción y, junto a sus compañeros Lisandro Martínez y Cuti Romero, hicieron que el mensaje resonara en el mundo. Este acto simbólico se convirtió en un momento icónico del torneo, donde la selección, a pesar de las restricciones, dejó claro su apoyo a la causa de Malvinas.
La reacción del gobierno no se hizo esperar. Milei calificó la conducta de los jugadores como "imprudente", mientras que Messi recordó la difícil situación económica que enfrentan muchos argentinos. Este intercambio destaca la tensión entre el deporte y la política, reflejando una sensibilidad nacional que algunos funcionarios parecen ignorar.
El evento se convirtió en un símbolo de resistencia y una clara manifestación de la identidad nacional en un contexto internacional, mostrando que el espíritu de la comunidad se mantiene vivo en momentos de adversidad.