La creciente mora en el pago de créditos en Argentina está generando preocupaciones en el sistema financiero. Los atrasos en las deudas no solo afectan a los deudores, sino que también impactan en las entidades que otorgan financiamiento. Cada incumplimiento conlleva la necesidad de recalcular riesgos y reconocer posibles pérdidas, lo que puede resultar en la inmovilización de recursos que de otro modo se destinarían a nuevos préstamos.
En los últimos años, se ha debatido sobre la expansión del financiamiento al consumo, destacando la digitalización y el acceso a herramientas para personas con poca atención crediticia. Sin embargo, es crucial evaluar no solo la cantidad de crédito otorgado, sino también la calidad y la capacidad de repago real de los prestatarios. La situación actual plantea interrogantes sobre cómo las entidades manejarán las previsiones necesarias para cubrir el riesgo de impago.
Existen dos criterios principales para calcular estas previsiones en Argentina. Por un lado, el Banco Central establece requisitos mínimos basados en la cantidad de días de atraso en los pagos. Por otro, las normas contables internacionales IFRS consideran no solo la mora actual, sino también la probabilidad de impago y la pérdida esperada de cada operación, lo que puede influir significativamente en productos masivos como tarjetas de crédito y préstamos personales.