El cerebro humano tiende a favorecer la repetición debido a su naturaleza ahorradora de energía, lo que dificulta el cambio de hábitos. Este fenómeno biológico implica que, al establecer una rutina, resulta complicado abandonarla. La tendencia del cerebro es optar por el camino que ha sido más frecuentemente recorrido.
Esta característica resalta la importancia de la práctica constante en la formación de hábitos y, por ende, en la búsqueda de la excelencia. La repetición no solo se convierte en una vía habitual, sino que también se asocia con el aprendizaje y la mejora continua.