La muerte de Carlos Galván, un comerciante intoxicado tras consumir una tortilla, ha generado una fuerte reacción en la comunidad. Tras el trágico suceso, se llevó a cabo un operativo que resultó en la clausura del local vinculado a la venta del alimento.
A pesar de la sanción, los propietarios del establecimiento desobedecieron la orden y reabrieron sus puertas, argumentando que "este problema no provino de nuestras instalaciones". La situación ha desatado preocupación entre los vecinos de Ensenada, quienes exigen mayores controles en la seguridad alimentaria.