La historia de Roberto Carmona se desarrolla en un contexto marcado por el abandonamiento y la violencia desde su infancia. A los cinco años, su vida dio un giro drástico al ser alojado en un hogar de menores tras ser separado de su familia.
Durante su niñez, sufrió el dolor del desarraigo, llorando tras cada visita de su madre en un entorno que se caracterizaba por las burlas, las peleas y los abusos. Esta realidad marcó profundamente su desarrollo personal y social.