La semana pasada, el Gobierno argentino enfrentó una serie de tensiones significativas, comenzando con un paro sorpresivo de los prácticos en los puertos, que surgió tras un decreto de desregulación del servicio de practicaje impulsado por el ministro Federico Sturzenegger. Esta situación generó preocupaciones por pérdidas diarias que podrían alcanzar los 20 millones de dólares, lo que llevó a la administración a revocar el decreto el martes, marcando así su primera derrota de la semana.
En otro episodio, el oficialismo se vio obligado a retirar un capítulo clave de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado, ante la presión de gobernadores y bloques legislativos aliados. Este capítulo buscaba eliminar los porcentajes actuales que regulan la compra de tierras por extranjeros, lo que se tradujo en una nueva derrota para el Gobierno. Las tensiones internas continúan, y las miradas se centran en Sturzenegger como responsable de estos conflictos.
Mientras tanto, en el ámbito político, Cristina Kirchner permanece en prisión y el peronismo parece atrapado en dinámicas del pasado, con amenazas de expropiaciones de dirigentes que miran hacia el futuro. La situación general no es catastrófica, pero el clima de inestabilidad ha aumentado, y algunos funcionarios advierten que Javier Milei enfrenta desafíos internos significativos.