En América Latina, se han registrado cuatro terremotos de magnitud superior a 7 en menos de sesenta días, afectando gravemente a varios países. El más reciente ocurrió el 10 de agosto en Colombia, donde un sismo de 7,4 con epicentro en San José del Palmar dejó al menos 181 muertos y más de 1.300 heridos. En Venezuela, el 24 de junio, dos terremotos con magnitudes de 7,2 y 7,5 causaron más de 6.400 muertes y decenas de miles de damnificados.
La situación climática también es alarmante, con la temporada de incendios de 2026 consumiendo más de seis millones de hectáreas en Europa y América del Norte. En España, más de 200.000 hectáreas han sido quemadas, mientras que en Francia, los incendios en la Gironda forzaron la evacuación de decenas de miles de personas. Por su parte, el sudeste asiático enfrenta severas inundaciones; en Bangladesh, el monzón ha dejado medio centenar de muertos y más de un millón de afectados.
La NOAA advierte que el fenómeno de El Niño se extenderá hasta la primavera boreal de 2027, lo que podría aumentar la actividad ciclónica en el Pacífico. A pesar de la gravedad de estos desastres, expertos señalan que se puede trabajar en la mitigación de sus efectos, destacando que la vulnerabilidad de las ciudades ante estos fenómenos depende de la amenaza, la exposición y la preparación de la población.