El agropiro se ha convertido en un elemento clave para la transformación de suelos en Argentina, especialmente en áreas semiáridas y la cuenca del Salado. Esta gramínea perenne, cultivada desde mediados del siglo XX, mejora la estructura del suelo y contribuye a la sostenibilidad ambiental al inyectar hasta seis toneladas de carbono por hectárea.
Su impacto en la producción de carne premium es notable, ya que permite que los animales ganen hasta 700 gramos diarios durante la primavera. Aunque no se espera que compita directamente con la soja en términos macroeconómicos, su valor radica en el consumo interno y en la expansión de la frontera ganadera, impulsando así la producción de proteína animal de alta calidad.
Además, el agropiro tiene un gran potencial en el mercado internacional de semillas, donde la tecnología local se posiciona competitivamente. Este cultivo demuestra que la resiliencia y la sustentabilidad son fundamentales para el futuro de la agroindustria argentina.