La economía argentina atraviesa un momento inédito donde el dólar se ha transformado en una herramienta para contener la inflación. A pesar de la histórica relación entre el tipo de cambio y el aumento de precios, actualmente el valor mayorista del dólar se encuentra por debajo de los 1.400 pesos, lo que contribuye a moderar las expectativas de devaluación y, a su vez, a reducir la presión inflacionaria, que se sitúa en un 3% mensual.
Un aspecto destacado de esta situación es la capacidad del Banco Central para adquirir divisas sin que el tipo de cambio se vea afectado, lo que indica que la oferta de moneda extranjera supera la demanda. Este equilibrio permite fortalecer las reservas y mejorar la credibilidad del sistema cambiario, aunque también refleja una estrategia económica basada en controles y expectativas moderadas.
La estabilidad del dólar ha logrado que muchas empresas y consumidores ajusten a la baja sus proyecciones sobre la inflación futura, lo que a su vez favorece la estabilidad de precios en la economía. El Gobierno considera este mecanismo como un pilar fundamental de su política económica, aunque persisten interrogantes sobre los riesgos a largo plazo de un dólar contenido.