La propuesta de Javier Milei sobre la reestructuración del Estado ha generado controversia en diversos sectores de la sociedad argentina. El enfoque se centra en la reducción de organismos y el despido de personal, lo que se plantea como una forma de "saneamiento" administrativo. Sin embargo, críticos argumentan que esta visión no distingue entre estructuras burocráticas innecesarias y aquellas que son fundamentales para el funcionamiento del Estado.
Según los detractores, la crítica a la burocracia no es un fenómeno nuevo, sino que se ha intensificado debido a la percepción de un Estado que ha fallado en resolver problemas básicos, multiplicando trámites y degradando servicios. La falta de diferenciación entre los distintos tipos de organismos podría llevar a una disminución de capacidades esenciales que han sido acumuladas a lo largo del tiempo.
La discusión sobre la eficiencia del Estado es relevante, ya que implica decisiones que afectarán la calidad de vida de los ciudadanos. La capacidad de ciertas instituciones para proporcionar servicios y resolver problemas es vital, y su eliminación indiscriminada podría tener consecuencias negativas para la sociedad.