La reciente medida del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene implicaciones directas para la comunidad cubana y su relación con el resto de la región. La Casa Blanca ha anunciado la imposición de aranceles punitivos a cualquier país que exporte petróleo a Cuba, en un intento por limitar el suministro energético vital que recibe la isla. Esta decisión se basa en la afirmación de que Cuba se encuentra "al borde del colapso".
El nuevo sistema arancelario busca penalizar a las naciones que proveen crudo a Cuba, principalmente de Venezuela. Según el gobierno estadounidense, la isla representa una amenaza a la seguridad nacional debido a su asociación con potencias adversarias y grupos extremistas. Además, se menciona que Cuba alberga una de las principales instalaciones de inteligencia de Rusia fuera de su territorio, lo que intensifica las preocupaciones de Washington.
Esta acción se enmarca en un contexto más amplio de tensiones entre ambos países, donde se acusa al gobierno cubano de ofrecer refugio a organizaciones como Hezbollah y Hamas.