El clima social en la provincia de Buenos Aires comienza a mostrar señales de cambio, con un creciente malestar entre los vecinos, que ahora priorizan temas de inseguridad por encima de cuestiones económicas. Mientras las fábricas como FATE cierran, la sensación de vulnerabilidad se intensifica en barrios del conurbano, donde el delito se convierte en un tema recurrente de conversación.
La tensión en las fuerzas policiales añade una capa de complejidad a esta situación. Recientes manifestaciones en la comisaría 1ª de Mar del Plata, donde efectivos demandan mejoras salariales, han encendido alarmas entre autoridades y vecinos. Intendentes reconocen que la preocupación por la seguridad ha escalado notablemente, y que estos conflictos suelen anticipar climas sociales más tensos.
A pesar de que oficialmente no se declara una crisis abierta, los indicios de descontento se acumulan. La caída en el movimiento comercial y las suspensiones laborales se mencionan en voz baja, reflejando un cambio en el humor colectivo que no siempre se percibe en las estadísticas.