La vida democrática enfrenta desafíos significativos, lo que ha llevado a una desconexión entre los ciudadanos y quienes toman decisiones. La falta de diálogo y de escucha activa se ha vuelto evidente, dejando de lado la práctica de la conversación constructiva.
En lugar de debates enriquecedores, se observa un predominio de monólogos que dificultan la participación ciudadana. Esta situación genera espacios de decisión que no reflejan las necesidades y preocupaciones de la comunidad, afectando la calidad de la democracia.
Es fundamental recuperar el espíritu democrático para fomentar una cultura de diálogo. Escuchar diferentes perspectivas puede contribuir a un desarrollo más inclusivo y representativo, donde las voces de todos los ciudadanos sean tenidas en cuenta.