La muerte del Papa Francisco marca el final de una etapa única en la historia de la Iglesia católica en Argentina, siendo el primer pontífice argentino en dos mil años de cristianismo. Su influencia se extendió más allá de lo religioso, generando un alto perfil político que suscitó debates sobre su supuesta inclinación hacia el peronismo y la polarización política en el país.
Las tensiones políticas complicaron su posible visita a Argentina, un evento que podría haber contribuido a reducir la grieta existente. La relación entre el Gobierno y la Iglesia parece haber mejorado tras la elección de Javier Milei, quien, a pesar de su pasado tenso con la institución, logró una cordial audiencia con Bergoglio. Sin embargo, el vínculo con la Conferencia Episcopal se ha enfriado, evidenciado por la falta de respuesta de Milei a un pedido de audiencia para los saludos navideños.
A pesar de esto, el presidente ha mostrado apertura al recibir a líderes evangélicos, convirtiéndose en el primer presidente en rezar con ellos en la Casa Rosada. Su participación en la inauguración de un templo en Chaco y el encuentro con el pastor Franklin Graham han generado reacciones mixtas, incluso dentro del ámbito evangélico.