El 17 de mayo de 1985, durante un acto en Trelew, el presidente Raúl Alfonsín pronunció una frase contundente: "El país no está para mantequitas, llorones y quejosos". Este comentario, impulsado por su carácter fuerte, marcó el inicio de una serie de paros por parte de la central obrera, que se conmemoran este año, cumpliendo cuarenta años de historia política en Argentina.
El líder sindical Saúl Ubaldini respondió a Alfonsín en un semanario, defendiendo su postura y criticando la gestión del gobierno radical. Las tensiones entre el oficialismo y la oposición se intensificaron, con Ubaldini emergiendo como una figura clave en la respuesta sindical. Durante una manifestación en Plaza de Mayo, expresó: "Llorar es un sentimiento, pero mentir es un pecado", destacando su creciente protagonismo en la política argentina.
Estos intercambios reflejaban las luchas internas de la democracia joven en Argentina. Alfonsín, tras su triunfo electoral en 1983, navegaba un panorama complejo, donde las fuerzas militares y sindicales también jugaban un papel importante en la dinámica política del momento.