La reciente evaluación de JP Morgan ha colocado a Argentina nuevamente en la mira de inversores internacionales, sugiriendo que el país podría regresar a la categoría de “mercado emergente”. Este cambio, si se concreta, podría permitir la entrada de aproximadamente 2.300 millones de dólares en inversiones pasivas, actualmente excluidas de operar con acciones locales.
A pesar de este potencial atractivo, el contexto interno es preocupante, marcado por una recesión, pérdida de poder adquisitivo y un ajuste severo en la economía diaria. Aunque la percepción de los inversores ha mejorado, esto no se traduce en un aumento del consumo ni en una expansión económica, sino en políticas de disciplina fiscal más estrictas y recortes en el gasto público.
Los analistas destacan que la previsibilidad en las reglas económicas es atractiva para los inversores, pero esta estabilidad convive con un escenario de caída del consumo y la presión constante sobre salarios y programas sociales. Así, la posible llegada de dólares al mercado de capitales no garantiza una mejora inmediata para la mayoría de la población, dada la situación actual de inflación y sus efectos en el ingreso real.