El reciente reemplazo de Diego Santilli por Manuel Adorni ha generado un impacto inmediato en el escenario político del Gobierno, al disipar la atención sobre las controversias que rodean a Adorni. Esta decisión se produce en un contexto de creciente desprestigio, donde la desaprobación de la gestión de Javier Milei ha alcanzado el 56,6%, según una encuesta de Zentrix.
Ambas situaciones reflejan la complejidad de la política actual, donde figuras externas como José Luis Espert y Adorni, quienes prometieron una "nueva política", han terminado en el centro de escándalos que complican al Gobierno. A pesar de los intentos iniciales de contener la crisis, estos esfuerzos han resultado en un agravamiento de la situación, llevando a la administración a buscar el apoyo de políticos con experiencia, como Patricia Bullrich y Guillermo Francos.
El caso de Adorni, que enfrenta serias acusaciones de enriquecimiento ilícito, aún tiene un largo camino judicial por delante. La pregunta que persiste es por qué la decisión de su reemplazo fue tan tardía, especialmente cuando la opinión pública ya mostraba señales claras de desgaste hacia el Gobierno.