El 28 de junio de 1966 marcó un hito sombrío en la historia argentina al producirse un golpe de estado que puso fin al gobierno de Arturo Illia. En la madrugada de ese día, el general Julio Alsogaray y un grupo de oficiales ingresaron a la Casa Rosada para comunicar la destitución del presidente, quien se mostró renuente a aceptar la situación y argumentó en contra del golpe. A pesar de no haber disparos, el ambiente fue tenso y culminó con el desalojo forzado de Illia y sus colaboradores.
Illia había asumido la presidencia en 1963, en un contexto electoral marcado por la proscripción del peronismo, logrando solo el 25% de los votos. Su gobierno se caracterizó por un fuerte compromiso con el respeto a las instituciones y una agenda que incluía la educación, la producción nacional y la independencia judicial. Sin embargo, enfrentó una fuerte oposición desde el inicio, lo que condicionó su gestión. Historiadores destacan que, a pesar de los desafíos, su administración mostró indicadores económicos y sociales positivos.