La política contemporánea enfrenta un desafío crítico en su relación con la comunidad, transformándose en un terreno de confrontación y desconfianza. Este ambiente hostil ha llevado a que la política ya no se perciba como un espacio de diálogo, sino como una trinchera donde el objetivo principal es la aniquilación simbólica del adversario.
Constanza Mazzina, politóloga y directora de la Licenciatura en Ciencias Políticas de la UCEMA, destaca la necesidad de recuperar los principios del liberalismo clásico, que promueve la limitación del poder como salvaguarda contra la corrupción. Según ella, el ejercicio del poder debe implicar una autolimitación, entendiendo que el estado no es un trofeo, sino una responsabilidad que debe ser devuelta intacta al finalizar el mandato.
Mazzina sostiene que el verdadero desafío no radica únicamente en criticar a los rivales desde la oposición, sino en mantener la moralidad y la ejemplaridad al ejercer el poder. La política, concebida como un servicio, debe evitar el beneficio privado y preservar el contrato de confianza que sustenta la democracia.