La reciente violencia en Francia ha escalado a niveles preocupantes, evidenciando una creciente polarización política. El 14 de febrero, un militante de ultraderecha, Quentin Deranque, fue asesinado durante una manifestación contra una conferencia de la diputada de izquierda radical Rima Hassan en la universidad SciencePo de Lyon. Este acto ha generado un nuevo mártir para la ultraderecha, intensificando el conflicto ideológico en el país.
La situación actual revela una fuerte división entre dos sectores políticos. Por un lado, la ultraderecha, representada por el partido RN de Marine Le Pen, que se enfoca en la soberanía nacional y promueve una agenda de austeridad frente a la inmigración y la diversidad cultural. Por otro lado, la ultraizquierda, encabezada por La Francia Insumisa, que aboga por la justicia social y la contestación.
Este contexto de tensión se ve alimentado por la desinformación y el apoyo de algunos sectores empresariales, lo que complica aún más el diálogo político. La violencia y los enfrentamientos en espacios públicos subrayan la necesidad de abordar estos conflictos de manera urgente para preservar los valores democráticos y los derechos humanos.