La reciente situación social refleja una disociación marcada entre la dirigencia política y la población, que carece de referentes capaces de gestionar el estado. Esta problemática se ha visto agravada por la falta de formación en asuntos públicos y el desinterés ciudadano, lo que ha permitido la intromisión de intereses empresariales en la política.
Desde la década de los 90, se han incorporado valores de desprestigio hacia los dirigentes, debilitando a los partidos políticos tradicionales. Este proceso fue impulsado por figuras como Domingo Cavallo, generando una creciente marginación de sectores populares. Sin embargo, el pueblo ha comenzado a movilizarse, recuperando derechos como acceso a viviendas y jubilaciones.
En los últimos años, las tensiones geopolíticas han aumentado, especialmente con el surgimiento del COVID-19 en 2019, lo que ha permitido a potencias como China y EEUU disputar mercados y recursos. La búsqueda de insumos para la inteligencia artificial ha llevado a un enfoque en la concentración económica y una reorganización global, mientras que la clase trabajadora enfrenta desafíos significativos.