Las luchas internas dentro de los partidos políticos han tenido un impacto negativo en el ejercicio del poder en Argentina, afectando directamente a la ciudadanía. A lo largo de la historia democrática del país, estas disputas han generado complicaciones en la gestión gubernamental, perjudicando a los ciudadanos.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, la confrontación entre la Junta Coordinadora y los líderes radicales más experimentados contribuyó a su salida anticipada del poder. De manera similar, en la administración de Carlos Menem, las divisiones entre los peronistas, simbolizadas por los colores rojo punzó y celeste, llevaron a intrigas que afectaron al gobierno y a la población. Finalmente, en el mandato de Fernando De La Rúa, los enfrentamientos entre los jóvenes del Grupo Sushi y los radicales tradicionales también causaron dificultades en el ejercicio del poder.
Estos ejemplos históricos reflejan un patrón de confrontación que, lejos de fortalecer a los gobiernos, ha generado un daño significativo a la sociedad argentina.